Resultados

Leandro Henrique – Ingresó en 2006
En 2016 se convirtió en profesor de percusión del Moinho Cultural.

«Este proyecto cambió mucho mi vida y me hizo tener una visión enorme del futuro. El Moinho se convirtió en un segundo hogar para mí. Entré al Moinho por mis padres, que trabajaban allí, y con el tiempo fui dedicándome más a la música, siempre dando lo mejor de mí. Después de 10 años en el Moinho como alumno, tuve la oportunidad que cambió mi vida: me convertí en profesor de música. Agradezco a todos en el Moinho por darme esta oportunidad. Gracias, Beto, Mônica, Márcia Rolon y el Coronel Rabelo. ¡Gracias de corazón, Moinho!»

Kauan da Cunha Coelho Ingresó en 2007 – Salió en 2011 – Bailarín en el Grupo Corpo (Belo Horizonte/MG)

“Me llamo Kauan a Cunha Coelho, tengo 17 años, soy bailarín y aprendiz de la vida. Soy un humilde muchacho que vino del interior de Mato Grosso do Sul para vivir en una gran ciudad llamada Belo Horizonte. En mi vida he vivido muchas aventuras desde pequeño; a los 10 años empecé a disfrutar de un conocimiento magnífico que fue la danza, lo que me dio el placer de vivir la vida plenamente. El lugar que me brindó estos conocimientos fue el Moinho Cultural Sul-Americano (Molino Cultural Sudamericano), un proyecto social que busca la importancia de que un joven disfrute del arte y la cultura desde temprana edad. Fui uno de los integrantes de esta “ola” de conocimiento y aprendizaje en la vida. Hoy tengo mis 17 años, prácticamente formándome en el ámbito de la danza clásica y creciendo cada vez más a través de un despertar de interés que surgió en mi infancia, cuando vivía en una pequeña ciudad del interior de Mato Grosso do Sul. ¡Hoy puedo decir que conquisté muchas cosas en la vida! Pero no puedo olvidar un lema que llevo hasta hoy a todo lugar donde voy: “Disciplina, respeto y responsabilidad”. Lema del proyecto social Moinho Cultural Sul-Americano, mi casa y mi inspiración en el camino que hoy recorro y en el que pretendo llegar mucho más lejos. Si hoy soy quien soy, es gracias a mi propio esfuerzo por querer aprender y ser alguien en la vida. Pero no puedo dejar de lado a mi familia Moinho.”

Alex da Silva Cristaldo - Padre y Fan del Moinho

Estimados(as) Funcionarios(as),

El agradecimiento es el sentimiento que me invade y me mueve a escribir esta carta, para decir lo importante que fue/es el trabajo desarrollado por todos ustedes, sin excepción, desde el funcionario de menor rango hasta el de más alto cargo jerárquico en esta entidad, ante los relevantes resultados que ustedes proporcionan en la vida de los cientos de niños que por aquí pasan y, en consecuencia, en la vida de sus familias.

Digo esto con la autoridad de quien tuvo dos muestras de este importante trabajo en su propia casa: Glória Maria Maciel Cristaldo y Alex da Silva Cristaldo Filho. Y pensar que cuando los inscribí para la selección, atravesaba un momento muy difícil en nuestras vidas (una separación a finales de 2011), y ellos vinieron a vivir conmigo en 2012. Sinceramente, no sabía bien qué hacer, solo quería buscarles algo que hacer, ocupar su tiempo, pues la situación era nueva para todos nosotros y, aunque siempre había participado en su crianza, todavía no lo había hecho de forma autónoma. Desde entonces pasamos a vivir con mis padres en Ladário.

Y funcionó ya desde la primera vez, pues ambos, por la gracia de Dios, fueron seleccionados en 2012. Glória estaba por cumplir 11 años y Alex Filho casi 9. Y entonces llegaron las preguntas: ¿qué harían? ¿qué serían? ¿les gustaría? No sabía nada sobre eso, pero el tiempo fue pasando y ellos, como verdaderos camaleones, se fueron adaptando, mostrándome de lo que eran capaces y enseñándome muchas cosas, dándome mucha fuerza de verdad. ¡Por supuesto que los apoyé! Ellos no lo sabían, pero me ayudaron y cuidaron de mí más de lo que yo cuidé de ellos.

Terminaron aquel primer año y, felices, confirmaron que continuarían al año siguiente. También en aquel primer año, el Moinho (Moinho Cultural Sul-Americano, o Molino Cultural Sudamericano) se dedicó a pulir mis dos piedras preciosas: Glória en la Danza, ya que ella ya tenía una inclinación natural por esa actividad, y Alex Filho, sorprendentemente, en la música, pues jamás habría notado esa inclinación suya hacia esa área, ya que en los primeros meses empezó con la guitarra, pasó por la percusión y terminó decidiéndose por el clarinete.

Ambos evolucionaron mucho, en el arte y en el “arte de la vida”, pues también reconozco que el Moinho orienta y estimula a los niños para la vida en sociedad, para la formación del ciudadano.

Llegaron los Moinho In Concert de 2012, 2013 y 2014, donde siempre les decía que eran/son mis artistas, mis celebridades. En resumen, ellos, a través del Moinho Cultural, son la materialización de mis anhelos de infancia, pues siempre quise aprender/desarrollar algún tipo de arte, la música por ejemplo, pero en mi época había poco o nada de eso en nuestra ciudad.

Por fin, a finales de 2014, la madre de ambos pidió que fueran a vivir con ella, ya que llevaban tres años conmigo, y ellos decidieron aceptar, inicialmente, por el período de un año, es decir, este año de 2015.

Así, solo me queda felicitar y agradecer a toda la “Familia Moinho Cultural Sul-Americano”, a los socios y patrocinadores de este proyecto, por todos los logros alcanzados hasta ahora en la vida de mis hijos y de tantos otros niños, y que seguramente perdurará por mucho tiempo en nuestra ciudad, para cambiar positivamente la vida de miles de niños y sus familias, tanto que incluso lo recomiendo a mis colegas que tienen hijos, y lo firmo con convicción.

De manera especial, saludo a Márcia Rolon, a Mônica, a Neide, a Tayla, a Jaqueline, a Daniele, a Edilene, a Espírito, a la profesora Mariana y al gran profesor Souza, personas con quienes más me relacioné y a quienes, en muchos casos, incluso incomodé, siendo siempre atendido con cordialidad.

¡Tengan la certeza de que, cuando regresen a mí en 2016, si es su voluntad y existe la vacante/posibilidad, tanto Glória como Alex Filho volverán a ser confiados a ustedes!

Testimonio de Karolaine - Profesora de Violín del Moinho Cultural - Ingresó 2006 - Egresó 2014

«Mi nombre es Karolaine Jarcem Mendonça. Mi historia con el Moinho comenzó a los 11 años, cuando una amiga de mi tía que ya conocía el proyecto le sugirió a mi madre que me inscribiera. Entré al proyecto haciendo danza y música, pero lo que me llamó la atención fue el violín, en el que decidí perfeccionarme y dedicarme por 8 años. El IMC es muy importante no solo en mi vida, sino también en la vida de muchos otros niños y adolescentes que ya pasaron y que aún forman parte de esta institución. Hoy, a los 20 años, me convertí en profesora de música del proyecto y estoy muy agradecida de transmitir a otros niños todo lo que aprendí gracias al Moinho Cultural y a las personas que hacen de este sueño una realidad.»

Emanuel Teixeira e Silva - Profesor de violín desde 2005

«Me fui a vivir a Praia Grande con una tía para aprender violín, porque en Corumbá no había profesor. Allí aprendí lo básico, el abecedario del violín. Pero no era suficiente. Cuando volví, fui probando mis límites, experimentando con piezas más difíciles y otros instrumentos… Así fui progresando. Estaba trabajando en un mercado en 2003 cuando la creadora del Instituto, Márcia Rolon, me invitó a ser uno de los profesores del Moinho, que empezaba a nacer. Fue una oportunidad única. Desde entonces, el Moinho me dio innumerables oportunidades de crecer, cursar la universidad y perfeccionar mis estudios. La música es beneficiosa para todos, sin excepción. A quien tiene el don, lo hace brillar. A quien no lo tiene, le enseña disciplina y persistencia.»

Maycon Vianna Silveira – Ingresó en 2005 – Egresó en 2011 – Estudiante de música en la UFMS en Campo Grande

“Siempre fui un niño al que le gustaba jugar, sin muchos sueños. Mi madre recibió un folleto informativo que explicaba en qué consistía el proyecto Moinho Cultural (Molino Cultural), pero, como todo niño, yo solo quería quedarme en casa jugando a la pelota y divirtiéndome. Al entrar a la escuela me encontré con aquel edificio hermoso, lleno de banderas, tan amplio que me dejó sin palabras. Llegué al proyecto por curiosidad, pero ya en la primera clase me enamoré de la música; no sé cómo explicarlo, pero me identifiqué con ella. Empecé a estudiar guitarra, instrumento con el que me identifiqué, y la pasión fue creciendo. Después de 5 años de estudio, llegué a convertirme en monitor, donde empecé a participar en las clases ayudando a la profesora, y tras un semestre como monitor, la profesora responsable del aula tuvo que dejar el proyecto, así que al cumplir 18 años en 2011 fui contratado por el proyecto. Gracias a esa oportunidad, las puertas se fueron abriendo. Surgió un curso de viola caipira (guitarra rústica brasileña) impartido por el maestro Rui Torneze en el Instituto ACAIA, y justo después del curso recibí la invitación para dar clases en el proyecto, que tenía la intención de formar una Orquesta de Viola Caipira. En 2012 estaba en mi segundo año de contrato en el Instituto ACAIA, y en el tercer año en el Moinho Cultural. Gracias a la oportunidad que el Moinho Cultural me dio, logré destacarme en aquello que, de repente, se convirtió en mi sueño: la música.”

Joelson Soares - Relaciones Internacionales

“Quizás este sea el testimonio más grande y profundo sobre mi vida en el Moinho Cultural (Molino Cultural), así como la exposición de mi vínculo más íntimo con la institución. Un viaje por las entrañas del proyecto y de mi formación.”

Quizás faltara futuro para quienes nacen al margen de la sociedad, quizás faltara esperanza para quienes crecen al margen de la miseria, quizás faltaran sueños para quienes crecen a las orillas de un río.

No podría faltarme inspiración, ni tampoco autoridad para hablar sobre el Moinho Cultural. Fueron diez años dentro del Instituto, desde su nacimiento, o mi crecimiento. En una relación familiar, o aquello que podamos clasificar como familiar.

Cuando, muy temprano, a los diez años de edad, entré al Projeto Moinho Cultural, que en el futuro se consolidaría como Instituto Moinho Cultural, no tenía mucha certeza sobre lo que estaba por venir; en verdad, la única certeza que tenía era quién era yo y de dónde venía.

Hijo de un pescador y de una técnica de enfermería, yo vivía en una zona periférica de la ciudad de Corumbá, a orillas del río Paraguay, que ya fue uno de los barrios más violentos de la ciudad.

En los primeros días de clase, todo al principio parecía extraño, porque lo era. El contacto de un niño de la periferia con instrumentos clásicos, así como con la danza y el ballet clásico, era poco común, no solo para mí, sino para mis padres, mi familia, mi comunidad. Al igual que tener acceso a clases de idiomas: inglés, español y, más aún, francés. Todo se parecía al sueño de la clase baja de anhelar todo aquello que era deseado al ser de clase alta: poner a los hijos en clases de ballet, aprender otros idiomas, tocar un instrumento. Mi madre, al igual que las demás madres, hablaba con orgullo de las clases que hacían sus hijos, y eso, claro está, me motivaba aún más. La oportunidad, que por supuesto jamás se habría imaginado, fue como algo casi “milagroso”, aunque solo fuera porque no es todos los días, ni en todos los lugares, que se encuentra una institución dispuesta a dar clases de idiomas, música y danza a quienes no tienen condiciones económicas para pagar. Por primera vez, el Instituto Moinho Cultural rompió los paradigmas económicos y sociales de una comunidad, afectando directa e indirectamente a cientos, si no miles, de personas. Haciendo más que posibles los sueños que históricamente fueron privilegios de una determinada clase social y que ahora estaban al alcance de todos.

¿Pero qué cambiaba esto realmente en mis concepciones? La existencia de la posibilidad de un futuro mejor creaba una fuerza motriz que, por sí sola, me hacía imaginar la posibilidad de un futuro mejor, más allá de lo que hasta ese momento yo había aprendido que era un futuro mejor. Lo explicaré mejor de la siguiente manera. De niño, antes del Moinho, la concepción de “mejor” y “futuro” estaba ligada a las necesidades básicas de todo ser humano. Crecer, tener un empleo para que no te falte comida, tener un auto que funcione para poder tener mayor movilidad y no ser castigado por el sol abrasador, para tener lo mínimo para vivir; de los muebles, hablamos de una pequeña estufa para tener dónde cocinar; de los inmuebles, tener una pequeña casa con el mínimo de comodidad, que se resume en tener agua, luz y que en época de lluvia no haya goteras. Lo mejor estaba íntimamente ligado a lo mínimo.

Bailar ballet, por primera vez, me expuso al prejuicio social y sexual. El prejuicio en sí mismo es incómodo, y conmigo no fue diferente. Lo que estaba en discusión no era solo si bailar ballet te convertiría en homosexual o no, sino el prejuicio de género y orientación sexual que estaba descarado en la sociedad. En aquella época, prefería intentar ocultar esa disciplina de mi currículo, para tratar de evitar la burla social de ser llamado homosexual o cualquier otra orientación sexual que se apartara de la heterosexualidad.

A su vez, el ballet, en el fondo, también tropezaba con el problema del prejuicio de orientación sexual, cuando muchas veces escuché, como forma de contraargumento, que el ballet era una actividad de “hombres”, ya que en muchos bailes el agente masculino bailaba con el agente femenino, a diferencia de las luchas donde “los hombres se agarraban”. Ese argumento terminó siendo usado como escapismo para muchos alumnos, que en un primer momento les daba munición contra las burlas, pero que poco después ponía a todos en el mismo barco. Lo que quiero decir es que el prejuicio no se combate con más prejuicio, pero eso también lo aprendí en el Moinho.

Sobre los idiomas, creo que primero deberíamos establecer que, informalmente, el idioma del Moinho era el portuñol (una mezcla de portugués y español). La convivencia casi diaria se establecía, en primer grado, en la comunicación verbal, donde por un lado los brasileños hablaban portugués arriesgándose a decir algunas palabras en español, y por otro los bolivianos hablaban español arriesgándose a decir algunas palabras en portugués; esa unión de dos idiomas se concretaba en un tercero, que sería el portuñol. En segundo grado, la comunicación se daba a través del arte, la música y la danza, pero eso lo veremos más adelante.

El Moinho sirvió para todo esto que describí anteriormente, en la formación de mi intelecto, de mi construcción psicosocial, de mi formación crítica. El Moinho me sacó de la Caverna de Platón, permitiéndome ver la sociedad con una visión más amplia y cosmopolita.

Los impactos sociales, que a su vez se produjeron en las familias, promovieron la transformación socioeconómica de estos núcleos familiares. Ser o no parte de lo que llamamos familia no es una cuestión de constitución sanguínea, sino más bien una afinidad recíproca de crecimiento y desarrollo. La pregunta, ¿Cómo sería tu vida sin el Moinho? es sencillamente imposible de responder cuando se alcanza cierto grado de relación institución-individuo, ya que la transformación de vida llega a una etapa en la que deja de considerarse una segunda posibilidad. Siendo así, solo podría comparar mi vida antes de ingresar al Moinho. Partiendo de una evaluación general de todos aquellos que nacieron y crecieron en mi comunidad, que compartieron conmigo el tiempo y el espacio. Tomaré algunos ejemplos: algunos, muy pronto, cayeron en la marginalidad; otros desaparecieron; otros, a su vez, dejaron de soñar y se conformaron con el trabajo que el todopoderoso mercado tenía para dar; otros, por un camino aún más infeliz, ya se encuentran en la vida después de la muerte. Deduzco que las opciones anteriores podrían haber estado entre mis posibilidades de vida, ¡o no! Prefiero creer que el Moinho fue un azar, suerte, destino, algo irracional. No me agrada pensar que haya sido algo superior; sería cruel imaginar que fui elegido para tener un futuro diferente al de mis compañeros, muchos de los cuales cayeron en los sufrimientos de la marginación social.

El Moinho funciona como un instrumento catalizador de sueños, un molino de viento simbólico, donde los sueños, a su vez, son como vientos fuertes que corren al galope por los caminos de la incertidumbre, y así viven hasta que encuentran una barrera, y esa barrera es el Moinho. Que utiliza sus fuerzas para mover la utópica máquina que transforma sueños en realidad, esa metafórica fuerza eólica que, en una espera mesiánica, cree en los niños para un futuro mejor. Emana su fuerza hasta donde la hospitalidad es recíproca, más allá de las fronteras donde la lengua se modifica, tras las curvas del río donde el agua es turbia, en las quebradas donde la violencia es muda, en los despachos donde la política se hace la sorda, en los cerros donde los ranchos se inclinan, en los pies inquietos donde la zapatilla es marco, en las bocas hambrientas donde el canto es sustento, en los dedos encallecidos del trabajo, donde el bálsamo es partitura.

Taiandi Moraes da Silva - exparticipante y profesora de ballet

Empecé en el Moinho a los 11 años, en 2005; mi gran sueño era bailar, y me encantaba ver presentaciones de danza.
En el Moinho tuve la oportunidad de comenzar a realizar ese sueño, pero además de la danza también pasé por la música, los idiomas, el apoyo escolar y otras actividades.
A los 16 años fui invitada a ser monitora de danza y poco a poco fui aprendiendo de los profesionales que pasaron por aquí.
Hoy en día, después de muchas experiencias, me convertí en profesora del área, y para mí es muy gratificante poder enseñar y transmitir a otros niños todo el aprendizaje que obtuve en el Instituto Moinho Cultural.

Ana Claudilene Da Conceição Assis – exparticipante y aprendiz en el Núcleo Social del IMC

Mi nombre es Ana Claudilene Da Conceição Assis, y vivo en la casa de acogida, en Ladário-MS, desde que tenía 6 años de edad. Cuando cumplí 7 años comencé a practicar ballet en el Projeto Semear (Proyecto Sembrar), en Ladário, ¡y me destaqué bastante! Fue cuando, ya con 10 años, fui recomendada para asistir al Moinho Cultural (Molino Cultural). Entré en la institución en 2012, donde hice una selección para hacer ballet, y cuando fui aprobada quedé muy contenta por haberlo logrado y poder seguir con el ballet para toda la vida, y con eso comencé a gustar más del ballet, y me dediqué bastante e hice todo lo posible para continuar.

Los años pasaron y seguí bailando. En 2013, fui al ortopedista, y el médico pidió que me hicieran un examen del tobillo, porque yo me quejaba de mucho dolor. Tuve que hacerme una resonancia en Campo Grande/MS, y fue cuando el médico dijo que no había nada grave en mi tobillo; fue entonces cuando recibí una noticia muy triste del médico, diciéndome que tenía que dejar de bailar ballet, pues si seguía bailando me iba a perjudicar, así que decidí dejar de bailar, pero quedé triste. Después de esto, la coordinadora de la casa de acogida solicitó que me retiraran del ballet en el Moinho. Para que yo no perdiera mi cupo en el Moinho, en 2014 la coordinadora del Moinho me pidió que fuera al área de música para aprender a tocar piano. Estuve 1 año tocando piano, pero no me identifiqué con eso, aunque seguí tocando hasta terminar el año. Y en 2015, cambié de instrumento y decidí pasarme a la percusión, y toqué todo el año, pero tampoco me identifiqué. Cuando llegó 2016, volví al médico, pues él dijo que podía volver a bailar, y quedé muy contenta. Entonces la coordinadora de la casa de acogida volvió al Moinho diciendo que yo podía volver a bailar. Volví a bailar en 2016, y seguí bailando ballet hasta 2017. El día 23 de agosto de 2017 fui al Nutec (Centro de Tecnología del Moinho), pero allí me quedé solo un mes y medio, y en octubre volví al ballet de nuevo. Y cuando llegó 2018 decidí salir del Moinho porque ya no me gustaba el ballet, porque estaban volviendo los dolores en mi tobillo. Y antes de comenzar las clases, el coordinador del Moinho me llamó para conversar, junto con la psicóloga de la casa de acogida y la asistente social del IMC, haciéndome una propuesta sobre si quería trabajar en la institución, porque no querían que yo saliera del Moinho, así que decidí aceptar la propuesta. El día 8 de marzo comencé a trabajar como aprendiz menor de edad en el sector social.

Me siento muy feliz, porque el Moinho me enseñó muchas cosas, conocí a personas que nunca imaginé conocer, y me trajo solo cosas buenas a mi vida, y por eso me siento orgullosa de ser fruto del Moinho Cultural.

Victor Hugo Mergar de Medeiros - Exparticipante y técnico de sonido del IMC

Llevo 10 años en el Moinho; entré aquí como alumno y hoy estoy como colaborador. Pasé por todas las etapas, desde la danza hasta consolidarme en la música, a la que dediqué 8 años de mi vida, donde tuve la oportunidad de conocer a íconos de la música clásica brasileña como: Marcos Arakaki (Concertino de la OSB), Bernardo Bessler (violinista), Noemi Uzeda (violista, Orquesta Petrobras), Ubiratã Rodrigues (director de la sinfonietta carioca), Abner Mancine (Filarmónica de Goiás) y varios otros.

Tuve la oportunidad de superarme y afrontar un nuevo desafío y una nueva carrera, realizando el curso técnico de sonido por OI Futuro, aliada de la institución en aquella época.

Hoy soy el técnico responsable del sonido de la institución, y siempre tuve el sueño de tener un estudio de grabación, y el Moinho Cultural hizo realidad ese sueño también. Estoy agradecido de formar parte de esta familia.

José Maikson Amorim Alves - Exparticipante y estudiante de música en la UNASP/Centro Universitario Adventista de São Paulo

Desde pequeño siempre tuve un gran deseo de ser músico. Me gustaba mucho cantar y tenía el sueño de aprender piano. Fue entonces cuando, a los diez años, tuve la oportunidad de ingresar al Moinho Cultural Sul-Americano, donde tuve mis primeros contactos con un ambiente musical.
Empecé en el piano y estudié el instrumento por un año. Al final de ese primer año tuve la oportunidad de conocer el violonchelo, el instrumento que cambió mi gusto por la música y me hizo querer ser músico de orquesta. Pronto esta experiencia se fue volviendo cada vez más seria, pues fui ingresando a los grupos musicales del Moinho y recibiendo de la institución varias oportunidades de profundizar mi conocimiento del instrumento y del área de la música en general.
El Moinho Cultural Sul-Americano fue el gran responsable del éxito que tengo hoy en mi carrera, pues fue el Moinho el que abrió las puertas, me acogió, cuidó de mí y me transformó no solo en un buen músico, sino en una mejor persona.