Una mujer que marca la diferencia: Márcia Rolon y los 20 años del Moinho Cultural

Hace 20 años, un sueño personal y colectivo comenzó a tomar forma en la frontera entre Brasil y Bolivia. Márcia Rolon, bailarina, gestora cultural y directora del Instituto Moinho Cultural Sul-Americano (Instituto Moinho Cultural Sudamericano), transformó un edificio en Corumbá en un lugar de arte, educación y ciudadanía.

Este último fin de semana, Márcia recibió el Premio Helô Urt, en la categoría Cultura, en Corumbá, un homenaje que reconoce su trayectoria y contribución a la cultura y la transformación social en la región. En 2024, el Moinho Cultural fue reconocido con el premio a la Mejor ONG en el área de la cultura de Brasil y la mejor de Mato Grosso do Sul, un logro que refleja la dedicación y el impacto del trabajo realizado a lo largo de los años. Este es el tercer año en que el Moinho figura entre las 100 mejores ONG de Brasil.

«Muchos niños, adolescentes y jóvenes ya han pasado por el Moinho. En total, tenemos 25 mil personas impactadas directamente. De esas 25 mil, muchas están en distintos lugares, en distintas profesiones. Son 180 profesiones que ya han pasado por el Moinho Cultural. Así que tenemos una larga trayectoria en estos 20 años, ahora entrando al 21.º año», afirma Márcia con orgullo.

Creado hace dos décadas, el Moinho surgió de una inquietud personal, inspirada por la experiencia con su madre, también profesora de danza. Inicialmente pensado como una escuela de artes dentro del Instituto Homem Pantaneiro, el proyecto creció al combinar diferentes formas de arte y experiencias de vida. «La idea de crear el Moinho Cultural comenzó como una escuela. Me apoyé mucho en las experiencias artísticas que viví con mi madre y con mi padre. Entró la danza, la educación ambiental, la música, el apoyo escolar, talleres para madres y padres… Es un rompecabezas de experiencias artísticas y de vida que tuve.»

El gran diferencial del Moinho está en la formación de jóvenes que, además de aprender habilidades técnicas, son incentivados a crear y transformar sus propias realidades a través del arte. «El arte, por sí solo, es inclusivo e igualitario. Cuando empiezas a practicar arte, te das cuenta de que te coloca en un lugar donde no eres nada, pero también puedes ser todo. El arte educa. No se puede separar el arte de la educación. El arte como educación es pura inclusión y te da autoestima.»

Con el paso de los años, el Moinho se convirtió en referencia en gestión cultural, contando desde 2011 con la certificación de la Lei Rouanet. La institución ha atraído patrocinadores, como el Instituto Cultural Vale, y recibe apoyo de empresas que destinan impuestos al proyecto. Sin embargo, para Márcia, el mayor apoyo viene de las familias. «Los mayores apoyadores del Moinho realmente son las familias: la familia corumbaense, la familia boliviana… Ellos creen en lo que hacemos, aplauden nuestros logros, participan de nuestros desafíos. Si no creyeran en nuestro trabajo, de nada serviría hacerlo y no tener participantes.»

Uno de los momentos más esperados del año es el espectáculo Moinho in Concert, ideado, creado y dirigido por Márcia. «Durante todos estos años, solo dos espectáculos no fueron creados totalmente por mí. Todos los demás fueron creados por mí, con el apoyo de Leonardo Sá, después Eduardo Martinelli, hoy Vinicius Klaus. Pero la composición, la creación, la concepción del espectáculo en escena es de la dirección artística, que es la mía. Es un trabajo autoral, inédito y muy único, donde niños, adolescentes y jóvenes, hoy profesionales y aficionados, se mezclan en el mismo escenario. Es un espectáculo que toca el corazón y hace que las personas reflexionen sobre lo que se está mostrando.»

La actuación del Moinho traspasa fronteras físicas y simbólicas. A diario, niños de Bolivia cruzan la frontera para participar en las actividades, consolidando un verdadero modelo de cultura de paz. «Logramos romper barreras. Es un lugar con todo esto en una frontera, donde a diario recibimos niños de Bolivia. Es un modelo potente de transformación a través del arte.»

Para Márcia, el mayor resultado de todo esto no está solo en los números, sino en la transformación visible de quienes pasaron por el Moinho. «El mayor fruto de este impacto es ver la realización personal de cada uno. Siempre trabajamos con brillo en los ojos. El niño que tiene esa ganas, ese deseo de estar ahí, o aquel que aún no tiene ese brillo y necesita ser despertado. Cuando camino por la calle y me encuentro con una mirada, digo: ‘¡Guau, quién eres tú! Porque esos ojos son del Moinho.’ Reconozco mucho a los exparticipantes por los ojos. Y cuando me cuentan lo que hacen hoy, vuelvo a ver ese brillo, esa alegría de vivir. Eso, para mí, es increíble.»

Al frente del Moinho Cultural, Márcia sigue con el mismo entusiasmo del comienzo, consciente de que aún hay mucho por construir. «El papel del Moinho Cultural es permitir el acceso al arte y a la ciudadanía. Cuando un participante completa un ciclo dentro del Moinho, se ve a sí mismo como alguien capaz de cambiar el nivel educativo y social de su familia. Eso es lo que nos mueve. Estamos siempre revisándonos, reevaluándonos. El lema del Moinho es ese: transformación constante.»

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