En dos décadas, Moinho Cultural ayuda a formar profesionales en 180 áreas

Ubicado en el corazón del Pantanal, el Instituto Moinho Cultural Sul-Americano (Instituto Cultural Molino Sudamericano) cumplió 20 años de trabajo transformando vidas en la frontera entre Brasil y Bolivia. A lo largo de estas dos décadas, la institución se consolidó como un verdadero semillero de talentos, impactando a más de 25 mil niños y adolescentes y contribuyendo a la formación de profesionales en 180 áreas diferentes.

Desde su creación, Moinho Cultural ofrece un programa de formación que dura ocho años, abarcando actividades como danza, música, literatura y tecnología. La propuesta es clara: transformar vidas a través del arte, brindando acceso a oportunidades antes inalcanzables para muchos niños de la región.

La directora ejecutiva y fundadora del Instituto, Márcia Rolon, destaca el impacto del trabajo realizado. “Nuestro objetivo siempre fue despertar sueños y ampliar horizontes. Vemos a nuestros niños y adolescentes crecer y convertirse en profesionales de diversas áreas, desde bailarines hasta ingenieros, desde profesores hasta asesores parlamentarios. Moinho Cultural es un espacio de formación integral, que trasciende el arte y se refleja en toda la vida de nuestros alumnos”, afirma.

El relevamiento realizado con exparticipantes comprueba la diversidad de caminos recorridos por quienes pasaron por el Instituto. Actualmente, los jóvenes formados por Moinho Cultural trabajan en 180 profesiones diferentes, evidenciando el alcance e impacto del trabajo desarrollado.

Joelson Aparecido dos Santos, quien participó de la formación continua de la institución durante siete años y hoy es asesor parlamentario, relata la importancia de la experiencia. “Cuando se trabaja con niños de la periferia, muchos de ellos no tienen perspectiva de soñar. Moinho Cultural nos muestra los caminos y, sobre todo, la humanidad que existe allí dentro”, resalta.

Por su parte, Lavínia Aparecida Silva Sales siguió la carrera en danza y hoy es voluntaria en un proyecto social en Campo Grande, además de profesora de Educación Infantil. “Me enamoré del ballet, del arte de la danza y, en consecuencia, de la enseñanza. Moinho Cultural fue transformador en mi vida, me ayudó a ser la persona y la profesional que soy hoy”, cuenta.

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