Arte sin fronteras

El movimiento inclusivo del Moinho Cultural Sul Americano (Molino Cultural Sudamericano) en su trabajo con 20 mil niños y adolescentes en la frontera de Brasil con Bolivia

Por Luciana Vicária, Rede Galápagos (Red Galápagos), São Paulo

La bailarina y coreógrafa Márcia Rolon creció escuchando a su madre tocar Tchaikovsky en el piano de casa y girando por la sala en unas zapatillas de punta. Los valses del compositor ruso eran tan familiares para la niña como los pliés, fondus y jetés, pasos típicos del ballet clásico. Ya en la infancia, mostró aptitud para el arte, y se formó en danza hasta convertirse en bailarina y coreógrafa, además de reconocida líder del tercer sector en el país. Es fundadora y directora ejecutiva del Instituto Moinho Cultural Sul Americano, organización de la sociedad civil que ayuda a cambiar la realidad de más de 20 mil niños y adolescentes en Corumbá (MS) y sus alrededores. Márcia nació en Corumbá, en la frontera entre Brasil y Bolivia, puerta de entrada para quienes visitan el Pantanal. Su ciudad natal, que ya tuvo uno de los puertos fluviales más activos del país y conserva uno de los biomas más ricos del planeta, convive con altos índices de desigualdad social, violencia, explotación sexual y tráfico de drogas.

Kelven Alex: “Fue muy difícil que mi padre aceptara que yo había elegido la danza. Ahora se siente orgulloso”. Foto: Moinho Cultural/Cortesía

“En este escenario nació la idea de rescatar a los niños de la vulnerabilidad a partir de un proyecto social que combinara música y danza”, dice Márcia, quien llevó su sueño adelante. Su primer paso hacia la realización de ese sueño fue llevar una muestra de danza internacional a la ciudad y despertar en la población el deseo de contar con una institución local de fomento a la cultura para los jóvenes. Luego, ideó su escuela de artes en el edificio abandonado de una antigua fábrica de harina de trigo y salió en busca de patrocinio. Finalmente, logró revitalizar el espacio y recibir a los niños. “En tan poco tiempo pasamos a tener un grupo musical y de danza, además de un centro de tecnología”, cuenta. El trabajo del Moinho Cultural dio origen a lo que se conoció como la Orquesta de Cámara de la región, la Cia de Dança do Pantanal (Compañía de Danza del Pantanal) y el Núcleo de Tecnologia do Moinho Cultural (Centro de Tecnología).

Idiomas y tecnologías
El Instituto abrió sus puertas como una escuela de artes vinculada al Instituto Homem Pantaneiro (Instituto Hombre Pantanero), organización privada sin fines de lucro creada en 2002. En menos de una década se convirtió en una organización independiente que ofrecía música y danza clásicas, además de apoyo escolar, y una mirada inclusiva hacia la frontera. Ganó notoriedad y apoyo financiero, y pasó a respaldar la formación de 400 niños y adolescentes de cuatro ciudades fronterizas, dos de ellas brasileñas: Corumbá y Ladário, y dos bolivianas: Puerto Suarez y Puerto Quijarro.

Samara Perucci Pascoal, de 12 años, en una foto previa a la pandemia: “Lo que más extraño es bailar El lago de los cisnes con el grupo”. Foto: Moinho Cultural/Cortesía

También amplió sus actividades más allá del arte, la música y el apoyo escolar, con clases de literatura y tecnología durante 20 horas semanales. “El niño que llega a la institución prueba de todo, hace ballet y música clásicos, tiene contacto con la tecnología y se desarrolla de forma integral. A algunos padres no les gusta ver a sus hijos en el ballet, pero la mayoría cede cuando se da cuenta de que el arte no tiene género”, dice Márcia. Eso fue lo que le pasó a Kelven Alex, de 22 años, profesor de danza del Moinho Cultural, que llegó al proyecto con menos de diez años. “Recuerdo que fue muy difícil que mi padre aceptara que yo había elegido la danza. El profesor habló con él personalmente y poco a poco las cosas fueron cambiando. Ahora se siente orgulloso”, dice el bailarín, instructor de danza del Moinho y miembro de la Companhia de Dança do Pantanal, quien durante la pandemia ha atendido a los alumnos a distancia.

Chips, YouTube y WhatsApp
La reapertura del Moinho para la atención virtual, con clases de música y danza en línea, ocurrió 15 días después del decreto de inicio de la cuarentena, en alianza con empresas de tecnología. El núcleo social identificó quién tenía acceso a computadora e internet para que los proyectos se retomaran a distancia. La institución proporcionó equipos a quienes no los tenían, de modo que todos los inscritos pudieran tener, como mínimo, cuatro horas de clases en línea a la semana.

Todos los participantes, a partir de los nueve años, fueron registrados y comenzaron a recibir clases y a entrenar a distancia. El Moinho donó chips que dan acceso a la red y comenzó a usar su canal de YouTube y grupos de WhatsApp para mantener a todos unidos: familias, niños, adolescentes y profesores. La joven Samara Perucci Pascoal, de 12 años, seis de ellos en el Moinho, sigue las clases de música con entusiasmo. “Lo que más extraño es bailar El lago de los cisnes con el grupo, leer historietas en los recreos y jugar con mis amigos. No importa si son brasileños o bolivianos; a la hora de jugar todo es igual”, dice la niña.

El Moinho invirtió el recurso destinado a la merienda de los niños en 80 canastas básicas que llegan todos los meses a las familias más vulnerables ya atendidas por la institución. Con el apoyo de Itaú Social, logró prácticamente duplicar la capacidad de donación a 150 canastas y sumar libros de literatura infantil para los niños. La alianza Moinho-Itaú Social ya tiene tres años y se lleva a cabo a través del programa Missão em Foco (Misión en Foco). “Contamos con el apoyo de consultores para movilizar a nuestro consejo, de modo que hoy contamos activamente con la participación de las familias en la organización”, dice Márcia, sobre el minucioso trabajo de gobernanza por el que pasó la institución.

Márcia Rolon: música y danza para rescatar a niños en situación de vulnerabilidad. Foto: Moinho Cultural/Cortesía

Lo que está por venir
Todos los años, el Instituto realiza el Moinho in Concert, un espectáculo temático de fin de año con la participación de los alumnos atendidos por la institución, técnicos locales y de otras regiones del país, además de artistas brasileños e invitados. Los protagonistas son los niños y adolescentes en los papeles de bailarines, instrumentistas, solistas y coralistas. “Es el punto culminante de la formación de los niños, donde pueden mostrar todo lo que aprendieron a lo largo del año”, afirma Márcia.

El trabajo centrado en el niño y con prioridad en el derecho a la educación, al arte y al ocio, a la profesionalización y a la cultura le dieron al Moinho el título de utilidad pública del municipio de Corumbá y del estado de Mato Grosso do Sul. Ahora el proyecto busca fortalecerse aún más en la región y ampliar su alcance hacia Colombia, Uruguay y otros países.

Al fin y al cabo, en los últimos años, Corumbá se ha preparado para un gran auge de crecimiento con la implementación del Trem do Pantanal (Tren del Pantanal), la pavimentación de la carretera Santa Cruz-Corumbá y la conclusión del gasoducto Bolivia-Brasil. “Nuestros niños estarán preparados para enfrentar los cambios que están por venir”, afirma Márcia. “Si logré transformar una fábrica de harina de trigo en una escuela de danza, ¿qué puede ser imposible para ellas?”

Fuente: https://www.itausocial.org.br/noticias/arte-sem-fronteiras/?fbclid=IwAR3uyEVRUQJxaWW9xw_Q0M8waWaPmOMQG7-A5sPYxxpUuteo5EZ2iSbH6zg

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