En la fecha en que se celebra el Día Mundial de la Danza, 29 de abril, Capital do Pantanal entrevistó a Aline Espírito Santo, bailarina formada en el Instituto Moinho Cultural Sul-Americano e integrante de la Cia de Dança do Pantanal (Compañía de Danza del Pantanal). Aline es un ejemplo de que el arte transforma vidas.
Oriunda de Corumbá, hija de padres tradicionalmente pantaneros, Aline cuenta que era costumbre bailar y frecuentar los bailes de chamamé en la hacienda. Desde muy pequeña, observaba la pasión de sus padres por bailar y los acompañaba en los pasos, pero la técnica del ballet clásico solo entró en su vida cuando tenía entre 7 y 8 años, momento en que ingresó al Moinho Cultural. Años después, la pasión se convirtió en profesión.
Entre los 7 y 8 años, cuando empezó en el Moinho Cultural, la danza era un momento de diversión. Foto: Archivo PersonalPara la bailarina, es difícil expresar en palabras todo el significado que la danza representa en su vida. «Cuando empecé, la danza era solo mi momento de libertad, mi momento de ocio, mi momento de estar con mis amigos. Hoy la danza es mi profesión, es mi sustento, es mi disciplina, es mi responsabilidad y mi respeto conmigo misma y con todas las demás personas que comparten conmigo», dice.
Segura de que su vida fue transformada por el arte, Aline detalla que a través de la danza obtuvo conocimientos que van más allá de lo que la educación básica puede ofrecer. «Hice una carrera en el área y eso me permitió acceder a espacios, libros y conocimiento en general, dándome bases y liberándome cada vez más para tomar mis propias decisiones», detalla.
Pero si hoy Aline celebra los logros alcanzados en el mundo de la danza, también hubo momentos en que su capacidad fue cuestionada. En uno de los momentos más cruciales relatados por la bailarina, cuando participó en una audición en una escuela estatal en Alemania, no solo fue rechazada, sino que escuchó de la profesora de aquel país que jamás sería bailarina. Aline recuerda el momento con tensión, aunque también con emoción, pues al mismo tiempo que escuchó las duras palabras de la profesora alemana, recibió fuerza de una mujer que es referencia en la danza y la cultura de Corumbá. Márcia Rolon, fundadora del Moinho Cultural, miró a Aline y le dijo: «vas a ser lo que quieras ser». «Eso me dio fuerzas para mantenerme enfocada en mi objetivo, que era ser bailarina», recuerda.
Aline enfrentó rechazos, pero venció las dificultades y se convirtió en lo que quería ser: bailarina. Foto: DivulgaciónPara Aline, la formación académica en el área también fue muy importante para tener contacto con la investigación en danza, entendiendo en la práctica cuáles son los medios de construcción del arte del movimiento corporal. Otro momento recordado por la bailarina fue cuando asumió la coordinación del Núcleo de Dança (Núcleo de Danza) del Moinho Cultural, «en ese momento empecé a tener que lidiar con los problemas que se enfrentan en el día a día de la danza».
De manera rutinaria, Aline da clases de ballet clásico, clases de danza contemporánea y realiza ensayos de los espectáculos que están en el repertorio de la Cia de Dança do Pantanal; además de todo eso, también mantiene entrenamientos de fortalecimiento muscular con un fisioterapeuta, y clases de estiramiento y flexibilidad con un artista circense. Todo el esfuerzo se traduce en belleza y expectativas de más aprendizaje para los próximos años. Aline, que ya considera la experiencia de dar clases enriquecedora, quiere aprender aún más sobre el aula, la escena y la gestión.
«Es enriquecedor poder contribuir y entregar el conocimiento dentro de la institución que fue un puente hacia varias posibilidades en mi vida. Retribuir al menos un poco de lo que se me dio en la infancia hace brotar en mí un sentimiento de mucha gratitud», dice Aline, quien, a pesar de todos sus grandes logros, mantiene a sus padres como su gran inspiración.