El molino no puede parar

Cuando no está ensayando, Nayara Conceição pasa todo el tiempo que le queda con Helena, su hija de un año y siete meses, que queda al cuidado de la abuela, Laura, para que la madre pueda dedicarse a la pesada rutina de clases, ensayos y ejercicios diarios.

Nayara, o Nay, como le gusta que la llamen, es una de las 16 integrantes de la Cia de Dança do Pantanal (Compañía de Danza del Pantanal).

El grupo se dedica a la danza contemporánea, buscando marcar su expresión mediante la búsqueda de una identidad regional bastante diversa, que conjugue elementos del paisaje natural y humano.

Creada en Corumbá, en 2017, la Cia surgió como uno de los vectores del Instituto Moinho Cultural Sul-Americano (Instituto Moinho Cultural Sudamericano) y trabaja además con foco en música, tecnología y literatura para atender a niños y adolescentes de los dos lados de la frontera, Brasil y Bolivia.

«Al principio fue un poco difícil, porque yo era una bailarina totalmente clásica y, cuando Chico Neller vino a coreografiar [en 2019], era una propuesta totalmente diferente de lo que estaba acostumbrada a bailar, tenía una gran dificultad con la danza contemporánea. Pero con ensayos y más ensayos, la coreografía entra en el cuerpo», cuenta Nayara, que integra la Cia desde el comienzo.

Sus recuerdos como bailarina profesional se confunden con la propia trayectoria del grupo. Durante estos cuatro años de actividades, la Companhia de Dança do Pantanal desarrolló tres coreografías de creación propia –»Cultura Bovina» (Chico Neller), «Sexteto para Cinco» (Rui Moreira) y «Carne Quebrada» (Wellington Júlio)– y realizó espectáculos en Campo Grande, en Pará (Canaã dos Carajás), en Minas Gerais (Belo Horizonte y Brumadinho), en São Paulo (Indaiatuba), en Bolivia (Puerto Suarez) y en Portugal (Oporto y Santa Maria da Feira).

«La danza surgió en mi vida cuando entré en el Projeto Moinho Cultural. Entré a los siete años, haciendo música y danza. En un primer momento, terminé eligiendo ir hacia la música e integré la orquesta tocando violín; con el paso del tiempo me pasé a la danza y fue ahí donde me reencontré», resume Nayara, que destaca, entre los momentos más marcantes de la compañía y de su propia vida, presentarse en Portugal y conquistar el gran premio del Concurso Internacional de Bailados.

«Descubrí después que bailé embarazada», se emociona la bailarina de 22 años nacida en Corumbá.

«La danza es mi alegría, mi refugio. No puedo verme haciendo otra cosa y quiero evolucionar cada vez más en este medio», dice Nayara, quien anhela el reconocimiento como todo joven artista. Su gran sueño es «ver a nuestra compañía reconocida por todo Brasil».

¿Pero qué falta, entonces, Nayara, para que eso suceda? Ella esboza una sonrisa forzada antes de responder: «¡Patrocinio!».

Bailando en el apagón

De hecho, mientras avanza la ajetreada rutina de Moinho Cultural, que, además de la Cia de Dança, involucra a la Orquestra de Câmara do Pantanal (OCPan) (Orquesta de Cámara del Pantanal), el Núcleo de Tecnologia e Comunicação (Nutec) (Núcleo de Tecnología y Comunicación), un estudio de grabación musical y la atención diaria a la comunidad, la bailarina Márcia Rolon, mentora del proyecto, vive luchando para intentar mantener las actividades en funcionamiento ante el atraso, de cinco meses, en la entrega de los recursos captados a través de la Lei Rouanet (Ley Rouanet).

Esa legislación de fomento (Ley 8313/1991) existe desde hace 30 años y prevé la deducción del Impuesto a la Renta para empresas que acepten destinar parte de los tributos a pagar al incentivo cultural.

El apagón en la gestión de la cultura, que viene marcando al gobierno de Bolsonaro, provocó una baja más para Moinho y para todo el sector la semana pasada.

La ordenanza 12/2021, del Ministerio de Turismo, publicada el miércoles, delega en el secretario de Cultura de la cartera el poder de «ejercer la presidencia y dictar los actos de gestión» de la Comissão Nacional de Incentivo à Cultura (CNIC) (Comisión Nacional de Incentivo a la Cultura), compuesta por integrantes de diferentes segmentos del área cultural.

En la práctica, la comisión ya venía totalmente paralizada desde marzo en medio de la crisis sin fin en la conducción de la secretaría.

Con la salida del actor Mário Frias, que fue destituido de la cartera tras el desgaste público con la clase artística, el policía militar –que ya reveló posturas negacionistas– André Porciúncula asumió el cargo.

Reposan, entonces, sobre las manos del policía militar las esperanzas de Márcia Rolon y de cientos de productores culturales de Mato Grosso do Sul y de todo el país.

«Hoy tenemos R$ 2,5 millones captados por Rouanet [la mayor parte proveniente del Instituto Cultural Vale] esperando la liberación», lamenta la bailarina y productora cultural.

«Tenemos el dictamen aprobado en Funarte, pero no tenemos la firma de la comisión porque no hay comisión. Estamos en manos de un solo secretario para decir si podemos usar nuestro recurso o no», explica Márcia Rolon. «Eso es aterrador, peligroso, y tenemos mucho pánico de lo que vivimos en este momento».

Crear es resistir

A pesar de quejarse de la falta de credibilidad que enfrenta el sector, la productora cultural y coreógrafa, formada en danza (RJ) y educación física (MS), anuncia dos novedades.

La Rede da Criança e do Adolescente da Fronteira (Recaf) (Red del Niño y del Adolescente de la Frontera) y otra coreografía inédita más, con estreno previsto todavía para 2021.

La Recaf surge de la necesidad de fortalecer el diálogo con los municipios vecinos a ambos lados de la frontera. La nueva coreografía, que está siendo creada por ella, Chico Neller, Wellington Júlio y, como siempre, con la colaboración efectiva de las 16 integrantes de la Cia, tendrá como tema a los inmigrantes.

«Sin olvidar el bioma y la geografía, siempre traemos los temas que están latiendo en los propios alumnos», dice Márcia, hija de la bailarina Sônia Rolon y exintegrante de la compañía Ginga, recordando que la coreografía Carne Quebrada tuvo como punto de partida un episodio de violencia sufrido por una de las bailarinas.

Pantanal y frontera son palabras recurrentes durante la conversación con la productora cultural, que profundizó sus conocimientos sobre la región cursando una maestría justamente sobre estudios fronterizos.

«Pensamos diferente por estar en la frontera», provoca Márcia. «Estamos en el borde y quien está en el borde tiene el abismo al lado y camina en ese abismo siempre con mucha dificultad.

Después de contactar a más de 30 ciudades, percibimos que tenemos en común la distancia del centro y la falta de atención del estado hacia nosotros, tanto de Brasil como de todos los países que hacen frontera con nosotros. Eso, sí, nos hace muy diferentes y ricos.»

La idea de trabajar a los inmigrantes como concepto de la próxima coreografía surgió con la gran presencia de haitianos en la región, en 2019.

«Recibimos a 2 mil haitianos, les dimos abrigo y comida y vivimos un momento intenso con ellos», cuenta Márcia.

«Desde entonces viene creciendo este ballet», dice la coreógrafa. La banda sonora combinará creaciones electrónicas, generadas en el propio estudio musical de Moinho, con la partitura del músico Eduardo Martinelli, director de la OCPan.

El espectáculo tendrá un enfoque multimedia y contará con testimonios de inmigrantes que ya están siendo recogidos.

La militancia por la integración sudamericana e incluso entre los estados brasileños está en el centro del pensamiento del Instituto Moinho Cultural. Para conformar el elenco de la Cia de Dança, el límite máximo de bailarines locales es del 60%.

Los demás integrantes provienen de estados como Minas Gerais o países como Argentina. El equipo de profesores también tiene un origen bien diverso. Además de la brasileña Beatriz de Almeida, que fue primera bailarina del Ballet de Stuttgart, en Alemania, durante 20 años, la formación de ballet clásico lleva la firma del dúo cubano Rolando Candia y Mayda Rivero.

El argentino Augustín Salcedo Martin tiene 25 años e hizo su formación, entre otras instituciones, en la reconocida escuela de ballet del Teatro Colón, en Buenos Aires.

«A fines de 2018, una profesora me contó que una compañía de Brasil estaba buscando bailarines, quedé emocionado con mi selección», recuerda Agustín, que se dice bailarín desde los tiempos en que bailaba frente al televisor en Mar del Plata, donde nació.

El bailarín es un ejemplo más, y un buen argumento, del trabajo de vanguardia desarrollado por la Cia de Dança do Pantanal, que no se detuvo ni siquiera durante la pandemia.

«El mundo es pequeño con la tecnología. El tiempo de pandemia nos sorprendió, nos hizo fuertes y rompimos barreras», celebra Márcia Rolon al enumerar decenas de transmisiones en vivo realizadas por la Cia desde el año pasado, incluso con grupos de Paraguay, México y España.

«Fue difícil, pero logramos producir 60 creaciones individuales y bailamos juntos, por ejemplo, con la Orquestra de Ouro Preto.»

Siempre en movimiento

Quien escucha a Márcia, sus historias, sus inquietudes y, sobre todo, quien conoce los números del proyecto, ciertamente termina apoyando la empresa.

«Trabajamos con la democratización del arte. Con nuestra metodología, basada en lo que llamamos teoría del cambio, poco a poco fuimos logrando formar buenos bailarines y músicos y excelentes y maravillosos ciudadanos del mundo. Hoy tenemos doctores, magísteres y varios otros graduados, hasta que notamos que muchos no querían irse de aquí y muchos de otras ciudades querían venir aquí a estudiar.»

Son once bailarines y 53 empleados trabajando con contrato formal, además de 400 jóvenes atendidos diariamente, parte de ellos dentro de los mismos moldes de lo que cuenta la bailarina Nayara Conceição al inicio de este reportaje.

Es decir, el niño llega con una edad entre seis y ocho años, hace una inmersión artística de tres años y luego opta por una formación especializada.

En 16 años de actividad, el Instituto Moinho Cultural Sul-Americano atendió directamente a 23 mil personas, realizando presentaciones artísticas que, sin contar el público virtual más reciente, suman una audiencia de 60 mil personas. El molino no puede parar.

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